Sobre mí

Mi nombre es Leo Kálnay. Tengo 48 años y vivo feliz en Cataluña con mi pareja Sagra y nuestros dos niños, Pau de 8 años, y Júlia de 6. Me encanta pasar tiempo con ellos.

Soy payaso profesional, y cada año hago felices a miles de niños con mis espectáculos educativos de clown, magia y títeres. Me siento muy afortunado de poder ganarme la vida de esta manera.

Yo soy el de la izquierda. Los otros tres locos son mi loca familia: mi compañera y nuestros dos hijos.

Mis tres compromisos contigo

  • 1 - Siempre te diré la verdad. Seré honesto sobre lo que sé y lo que no sé.
  • 2 - Contestaré tus comentarios, y procuraré ayudarte en todo lo que pueda.
  • 3 - Solo te recomendaré aquello que yo mismo aplico en mi propia vida.

Momentos estelares

La vida tiene momentos estelares. El nacimiento de tu hijo, el primer encuentro con la persona que amas, un día memorable en tu trabajo.

Son momentos en que estás plenamente despierto, que te llenan de felicidad, y por los que sientes que vale la pena haber venido a este mundo.

Lamentablemente, en comparación con todo el tiempo que dura la vida, la proporción de momentos estelares es muy pequeña.

La mayor parte de la vida no es así.

Momentos grises

La mayoría de nuestros momentos no son estelares, sino más bien cotidianos y rutinarios. Más de lo mismo, un día tras otro. Momentos grises.

Levantarte a la misma hora, quejarte de las mismas cosas, hacerte el mismo café, tomar el mismo autobús para ir al trabajo para hacer lo mismo de ayer, y de mañana.

Un día mi madre me dijo que tenía la sensación de que no había vivido su vida.

Un par de años después, murió.

Sería fantástico ser consciente de esa sensación de no-vivir mucho antes de que la vida se acabe.

Y hacer algo para cambiarlo.

 

¿Te imaginas si la vida estuviera llena de momentos estelares?

Si tienes un hijo, seguro que recuerdas con emoción la primera vez que lo viste y lo cogiste en brazos.

Fue un momento estelar en toda regla. Algo especial, único.

En ese momento estabas totalmente consciente.

Hay una manera muy sencilla de convertir los momentos cotidianos, aburridos, grises, en estelares: estar consciente.

Si consigues estar consciente cada minuto, tu vida se llenará de intensidad. Se habrá terminado la rutina, aunque tengas el trabajo más aburrido del mundo. Cada célula de tu cuerpo estará despierta, aquí y ahora.

Estarás receptivo, sensible. Realmente vivo.

El desafío apasionante que te propongo, pues, es conseguir el mismo grado de consciencia que tenías cuando nació tu hijo, al fregar los platos, ir al súper o poner la lavadora.

De esto va este blog.