Mantente consciente en tus tareas cotidianas

Caminar, cepillarte los dientes, comer… Las pequeñas tareas cotidianas te ofrecen mil oportunidades para arraigarte en el aquí y el ahora.

Cuando caminas, por ejemplo, puedes hacerlo mecánicamente mientras piensas en otra cosa. Es lo más habitual, y es lo que hace casi todo el mundo.

Pero disfrutarás mucho más del caminar si prestas atención a la acción de andar.

Mantente consciente en tus tareas cotidianas

¿Cómo puedes enfocar tu atención en el caminar?

Percibe el contacto de las suelas de tus zapatos con la planta de tus pies. Siente el movimiento de tus piernas y la sensación del aire en tu cara. Escucha el canto de los pájaros y el ruido del  viento.

Tus pensamientos protestarán. Lucharán por ocupar tu mente y por robarte tu atención. No pasa nada. Déjalos que hablen. Escucha todo lo que tengan que decirte. Pero escúchalos mientras te mantienes consciente.

Casi como si fueras otra persona. Un simple espectador.

Oye como tu mente te da la lata con todo lo que tienes en la cabeza. Tengo que comprar tomate para la cena. Debo limpiar la nevera sin falta, está asquerosa. ¿Quién se ha creído que es el supervisor para hablarme así?

Cuando tu mente se haya desfogado, vuelve tu atención a tus sentidos, a tu cuerpo, a lo que te rodea.

Disfruta de la maravilla del mundo.

 

El flujo de la consciencia

No eres una máquina que se mueve. Tienes pensamientos, sensaciones, emociones. Pero cuando no estás consciente, aquí y ahora, te “maquinizas”. Te vuelves un poco máquina. Sales de tu vida real y entras en la zona gris.

La atención no tiene por qué ser estática. No pasa nada si tu atención fluye de tus sentidos a tus pensamientos o a tus emociones. Lo fundamental es que no pierdas el hilo de tu atención.

Volvamos al ejemplo de caminar. Tal vez al cabo de un rato de sentir la sensación de caminar en la planta de tus pies, aparece en tu mente el pensamiento de que las plantillas de tus zapatos están gastadas, tus zapatos ya están muy viejos y es indispensable que te compres otros.

Entonces te viene a la mente unos zapatos que viste en la zapatería del barrio.

“La semana pasada tenían esos zapatos de lona azules tan chulos con el 40% de descuento. ¿Llevo dinero encima? ¡Sí! Me los compraré ahora mismo. Maldición, la oferta terminaba el jueves, ¡y hoy es viernes! ¿O quizá la oferta terminaba el viernes? ¡Tal vez todavía estoy a tiempo! ¿Y si me acerco a la zapatería en un momento, me dará tiempo de comprármelos? Voy muy justo, me arriesgo a perder el autobús y llegar tarde al trabajo…”

¿Te has fijado en la secuencia?

La sensación de caminar dio paso a diversos pensamientos sobre zapatos nuevos, lo cual a su vez generó una sucesión de emociones:

  • Malestar por tus zapatos viejos.
  • Deseo de tener un par de zapatos nuevos.
  • Alegría de comprarte esos zapatos tan bonitos.
  • Desilusión porque se había acabado el descuento.
  • Esperanza en que aún estuviera vigente la oferta.
  • Angustia de llegar tarde al trabajo.

No pasa nada si tu atención pasa de las sensaciones corporales a escuchar tus pensamientos o a sentir tus emociones.

Lo fundamental es que te mantengas siempre consciente, que no pierdas el hilo de tu atención.

La esencia de esta práctica es que te conviertas en un espectador silencioso de ti mismo. Un espectador que no juzga, sino que se limita a observar. Te observas a ti mismo, tus sensaciones, tus pensamientos y tus emociones.

 

Vive plenamente tus tareas cotidianas

Al prestar atención a las tareas cotidianas, las dignificas y les das una nueva dimensión. Las pequeñas tareas de cada día pasan a ser una fuente de placer en si mismas, en lugar de ser un medio aburrido y mecánico para conseguir un objetivo.

¿Por qué te limpias los dientes?

Hay motivos importantes: para tener el aliento fresco, para que tus dientes se vean limpios, para prevenir la caries.

Limpiarse los dientes es algo indispensable, y además es fácil y mecánico. Puedes hacerlo inconscientemente. Así que, mientras te cepillas los dientes, la mente aprovecha para hacer de las suyas e inundarte de pensamientos.

¿Pero qué pasa si pones toda tu atención en cepillarte los dientes?

Haz la prueba. Puedes centrarte en lo que perciben tus sentidos:

  • Toma el cepillo conscientemente. Fíjate en su forma, su color, el tacto del mango.
  • Presta atención al olor y al sabor de la pasta de dientes.
  • Escucha el sonido que hace el cepillo mientras te limpias los dientes.
  • Sigue atentamente el proceso de enjuagarte la boca, el ruido que hace el agua cuando abres el grifo, el contacto del agua con tu boca.
  • Se consciente de la posición de tu cuerpo durante todo el proceso.
  • Fíjate en la sensación que te queda en la boca cuando has terminado.

 

Observa tu yo-robot

También puedes observar tus acciones mecánicas, tu “yo-robot”, en tu día a día.

Al comer, por ejemplo, realizas muchas acciones sin necesidad de pensarlas ni planificarlas.  Cuando comes no necesitas pensar “abro los dedos de la mano derecha para agarrar el tenedor, muevo los ojos para fijarme dónde están los garbanzos, muevo la muñeca para poner algunos garbanzos en el tenedor, abro la boca y simultáneamente muevo mi brazo derecho para acercar el tenedor a mi boca…”

Simplemente comes y ya. De las acciones mecánicas se encarga tu yo-robot. Sería agotador si tuviéramos que analizar conscientemente todas esas acciones para poder realizarlas. 🙂

Pero nada te impide prestar atención a tu yo-robot haciendo todas esas tareas mecánicas.

Notarás que es muy curioso observar a tus manos manipulando los cubiertos y a tu boca masticando, como si tu cuerpo tuviera una vida propia independiente de ti.

 

¿Para qué te sirve mantenerte consciente?

Los beneficios de esta práctica son muchos. Al mantenerte consciente en lo cotidiano ves las cosas de forma diferente.

Quiero llamar tu atención sobre dos beneficios que me parecen muy importantes:

  1. Incrementas tu autocontrol.
  2. Te haces sensible a las cosas importantes pero sutiles: los tesoros ocultos en la arena.

Beneficio número 1: mejoras tu autocontrol

Casi cada día aparecen nuevos problemas y contratiempos. Situaciones que te generan tensión, estrés, depresión o tristeza.

Las dificultades son inevitables, pero si prestas atención a las tareas cotidianas estarás mejor preparado cuando llegue el momento de tensión.

En un contratiempo, cuando estás bajo presión, es más complicado mantenerte consciente. La fuerza de la emoción te arrastra, y es muy difícil que pienses en ser consciente en esos momentos. Simplemente te dejas llevar.

Durante las tareas rutinarias, en cambio, es mucho más fácil que te mantengas consciente. No hay una energía que te arranque de tu punto neutro de observación. No hay un estrés que ponga tus nervios a prueba.

Si haces esta práctica asiduamente, cuando llegue la tormenta de las emociones estarás mucho más preparado para mantener la calma, la compostura y el buen humor.

Te lo dice uno que tiene una gran tendencia a perder los papeles.

Es como practicar regularmente un arte marcial en la tranquilidad de un dojo. Si algún día en la calle debes afrontar un altercado violento, todo lo que hayas practicado en la calma del dojo te ayudará a reaccionar correctamente.

Poner atención a las tareas cotidianas es como un “dar cera, pulir cera” para fortalecer tu equilibrio emocional. 😉

Beneficio número 2: te haces sensible a los tesoros en la arena

La vida está llena de pequeñas maravillas. Cosas que están ahí para darnos felicidad, pero como vamos tan embalados en nuestro objetivo, simplemente no las vemos y pasamos de largo.

Te pondré un ejemplo que me pasó hace unos días.

Durante toda la mañana había conseguido mantener la atención en mis tareas cotidianas sin distraerme demasiado, lo cual es un gran éxito para un distraído compulsivo como yo.

Ese día, a la hora de comer, mi hijo Pau se quejó de que ya casi nunca jugábamos con él. Que últimamente siempre jugaba solo, sin los papás.

No era la primera vez que lo decía, pero después de estar toda la mañana prestando atención a mi aquí y ahora, ese día lo escuche de forma diferente.

Su queja me llegó más hondo que de costumbre. Penetró las capas embotadas de mi mente, y realmente oí lo que estaba diciendo. Sentí que era importante, y que tenía razón. Últimamente me había perdido muchos momentos hermosos con mis niños.

Tesoros en la arena perdidos para siempre por no estar presente.

Decidí que este momento no lo dejaría escapar.

Así que esa tarde busqué tiempo para estar con Pau y Júlia. Estuvimos en su habitación con sus legos y sus inventos, sus abrazos y sus rabietas.

Al llegar la noche todos nos sentíamos más felices. Y ese momento tan bonito, ese tesoro en la arena, posiblemente habría pasado de largo si durante la mañana no hubiera prestado atención a mis tareas cotidianas.

¿Tienes la sensación de que tú también dejas pasar tesoros en la arena cada día? ¿Tienes momentos de estrés en que reaccionas incorrectamente? Si la respuesta es afirmativa, tal vez aquí encuentres dos buenas razones para mantenerte consciente el máximo tiempo que puedas.

 

Y ahora tú. Dime algo.

No me dejes hablando solo.

Escribo todo esto con la esperanza de que lo leas y te sea útil.

Pero si no me lo cuentas, no puedo saberlo.

¿Qué opinas? ¿Le ves utilidad a mantenerte consciente durante tus tareas cotidianas, o te parece una perdida de tiempo, un esfuerzo inútil? ¿Lo has practicado, te ha dado resultado?

Si tienes cualquier duda, si estás de acuerdo o en desacuerdo, o simplemente si quieres compartir tu opinión, no lo dudes y escribe un comentario.

Te espero. 😉

Deja un comentario