El zapato perdido, o cómo pensar con el cuerpo

¿Con qué parte del cuerpo piensas?

Es una pregunta absurda, ¿verdad? Con la cabeza, claro. Ahí es donde está el cerebro.

No sé tú, pero yo muchas veces tengo la sensación de que vivo atrapado en mi cerebro. Como si toda mi energía se concentrara en mi cabeza, y el resto de mi cuerpo fuera algo lejano.

¿Has tenido alguna vez una sensación parecida? Como si el otro extremo de tu cuerpo, tus pies, estuvieran muy lejos de ti.

Pero la realidad es que no eres solo cabeza. Eres todo tu cuerpo.

A pesar de que el cerebro está ubicado claramente en la cabeza, ¿te parece que sea posible pensar también con el resto del cuerpo?

 

Otro tipo de inteligencia

El poder del ahora es un libro maravilloso, que no me cansaré de recomendarte. Su autor, Eckhart Tolle, sugiere que cuando tengas un problema que requiera una solución creativa, intentes bajar el pensamiento de la cabeza a tu cuerpo.

Pensar con el cuerpo es una buena manera de mantenerte consciente. Es también una alternativa a la inteligencia de la mente, una inteligencia menos lógica, pero más profunda y más sutil.

 

¿Cómo se piensa con el cuerpo?

Siéntate cómodamente, y concentra tu atención en tu cuerpo. Hazte consciente de las sensaciones que sientes en tus brazos, tus piernas, tu abdomen…

Si no sientes nada, también está bien. Limítate a ser consciente de que no sientes nada.

Si se te hace difícil sentir tu cuerpo, puedes comenzar por concentrarte solo en tu respiración. Siente como sube y baja tu abdomen con cada inspiración y espiración. No intentes controlar ni alterar tu respiración. Limítate a sentirla.

Cuando inspires, imagínate que el aire llena y recorre todo tu cuerpo.

Al cabo de un rato, cuando ya sientas vivamente tu cuerpo, piensa en el problema que te preocupa, e imagínate que lo “bajas” de la cabeza a tu cuerpo.

Al igual que hiciste con la respiración, deja que el problema imaginariamente impregne todos los rincones de tu cuerpo, y que viva ahí un tiempo.

Suena un poco raro, ¿verdad? A pesar de eso, te pido que le des un voto de confianza.

Pruébalo, ni que sea una vez.

Cuando hagas esta práctica, procura estar tan receptivo como te sea posible, y recuerda concentrar tu atención en todo tu cuerpo. No solo en la cabeza.

Es muy importante que te despreocupes del resultado. Aunque sea vital para ti encontrar la respuesta a tu problema, haz todo lo posible por no presionarte. Relájate. Actúa como si no te importara dar con la solución o no.

No siempre funciona instantáneamente, a veces la idea no te vendrá en el mismo momento. Tal vez la idea te llegue al cabo de un rato

O tal vez no te venga ninguna idea. Ningún método es infalible. 🙁

Sin embargo, he descubierto que pensar con el cuerpo suele serme útil en aquellas ocasiones en las que no sé qué hacer. Cuando no me sirve para nada “pensar” para resolver un problema.

Te pongo un ejemplo de una situación que pasó en casa hace unos días. Seguro que te has encontrado con situaciones parecidas más de una vez.

 

Nervios en casa

Quería ir al parque con mis niños, y ellos también lo deseaban. Se hacía oscuro, y si no nos dábamos prisa nos quedaríamos sin paseo.

Si tienes niños, ya sabes cómo puede ser de complicado prepararlos para algo aparentemente tan sencillo como salir de casa.

Tengo pipí, la rueda de la bici está desinflada, cámbiate los pantalones que están sucios… Mi pareja y yo hacíamos de pulpos preparándolos para salir.

En medio de ese jaleo, Júlia, mi pequeña de seis años, nos dijo que no encontraba uno de sus zapatos.

¡Lo que faltaba!

Todos nos pusimos a buscarlo como locos, pero por más que lo buscábamos, el zapato no aparecía por ninguna parte.

Comenzamos por revisar los sitios en que era más probable que estuviese: la habitación de los niños, nuestra habitación, el lavabo…

Nada.

Luego seguimos con los sitios menos probables: el rincón de la lavadora, el comedor…

Nada tampoco.

Entonces pensamos que tal vez los niños habían olvidado el zapato en algún sitio insólito. Miramos en la caja de los peluches, en la caja de los disfraces, entre los juguetes…

Era como si el maldito zapato se hubiese volatilizado.

El tiempo seguía avanzando, y los nervios en casa se iban incrementando proporcionalmente. Mi mente racional no me ofrecía más opciones. Se hacía tarde, y nos quedaríamos sin el paseo que tanto deseábamos.

Necesitaba encontrar el zapato para que volviera la paz. Lo necesitaba imperiosamente.

Pero cuánto más lo necesitaba, más se bloqueaba mi mente.

No sabía qué hacer.

 

Obi-Wan al rescate

Seguro que conoces esta escena épica de La guerra de las galaxias, cuando los rebeldes lanzan su ofensiva final contra la Estrella de la Muerte.

Los cazas imperiales, comandados por Darth Vader, han ido derribando una a una todas las naves rebeldes, y solo queda en pie la nave de Luke Skywalker para completar la misión.

Luke tiene una sola oportunidad. El disparo tiene que entrar exactamente en una abertura de dos metros de ancho para que el plan tenga éxito. Su nave se aproxima a toda velocidad a su objetivo.

No puede fallar. El futuro de toda la galaxia depende de ese único disparo.

En ese momento, Luke Skywalker oye la voz de su maestro, Obi-Wan Kenobi, que le dice “Luke, usa la Fuerza”. Luke decide entonces hacer algo aparentemente irracional. Apaga el ordenador, y deja que su instinto sea el que decida el momento preciso de hacer el disparo…

 

¿Qué tiene que ver Star Wars con la historia del zapato?

Yo no estaba conduciendo épicamente una nave espacial, sino haciendo algo tan vulgar como buscar un zapato.

Pero me había quedado bloqueado, sin opciones. Mi mente lógica no me servía para encontrar la respuesta que necesitaba.

Todas las opciones razonables habían sido descartadas, tanto las más probables como las más improbables.

El tiempo seguía pasando, implacable. Los nervios en casa se acercaban peligrosamente al punto de ebullición.

La nave de Luke Skywalker era a punto de alcanzar el punto crítico.

 

Necesitaba una respuesta

¿Pero dónde podía encontrarla, si mi cerebro, mi pequeño ordenador de a bordo incorporado en mi cuerpo, no me servía de nada?

Entonces me acorde de lo que decía el libro de Eckhart Tolle sobre pensar con el cuerpo.

No tenía nada que perder, así que me recogí en mí mismo, e intenté bajar el pensamiento de mi cabeza a mi cuerpo. Traté de sentir con el cuerpo dónde podía estar el zapato de Júlia.

Entonces pasó una cosa extraña. Oí un pensamiento que destacó con nitidez sobre los demás: “Mira debajo de la cama de Júlia”.

No fue ninguna experiencia mística como la de Luke Skywalker cuando oyó la voz de Obi-Wan. Simplemente “oí” ese pensamiento, en la misma forma en la que constantemente oímos pensamientos en nuestra cabeza sobre los temas más triviales.

Solo que este pensamiento era diferente.

Era muy claro. Resaltaba claramente sobre los demás. Como si estuviera escrito en negritas.

Mi primera reacción fue pensar “¡Sí, y qué más!”. Ya había mirado antes debajo de la cama de Júlia sin resultado.

Sin embargo, le hice caso.

Volví a mirar, pero esta vez a conciencia. Saque las cajas de juguetes, y miré debajo de la cama.

Y ahí, en el fondo de todo, estaba el zapato.

 

¿Fue casualidad?

Es una posibilidad, debo admitirlo.

Pero mi impresión es que, cuando pensamos con el cuerpo, ampliamos o amplificamos la inteligencia de nuestro cerebro. Pasamos a usar una inteligencia menos racional, pero más intuitiva, más conectada con el mundo real.

Desde entonces, cuando tengo un problema de esos que mi mente no puede encontrar la solución, tengo claro el camino que debo seguir.

¿Le ves un sentido a la idea de pensar con el cuerpo, o te parece simplemente una tontería?

Te espero en los comentarios. 😉

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